Réquiem de Mozart hará vibrar la semana santa la Orquesta Sinfónica de Venezuela

***La Orquesta Sinfónica de Venezuela (OSV), Patrimonio Artístico y Cultural de la nación, celebra el inicio de la Semana Santa con uno de los conciertos más hermosos del compositor y pianista austriaco Wolfgang Amadeus Mozart, considerado maestro del Clasicismo y uno de los músicos más influyentes y destacados de la historia. La cita es el sábado 23 de marzo a las 6:00 p.m. en la Sala Ríos Reyna del Teatro Teresa Carreño. Entradas a la venta en las taquillas del teatro desde Bs. 40 hasta Bs. 300, en el horario de martes a sábado de 9:00 a.m. a 8:00 p.m.***

***Bajo la batuta de la Maestra Isabel Palacios, el Coro de Ópera Teresa Carreño, el Coro de la Camerata de Caracas, y la Orquesta Sinfónica de Venezuela, interpretarán el Réquiem de Mozart, el cual contará con las impecables voces de: Sara Catarine (soprano), Katiuska Rodríguez (mezzosoprano), Idwer Álvarez (tenor) y William Alvarado (barítono)***

 La Orquesta Sinfónica de VenezuelaPatrimonio Artístico y Cultural de la Nación, en el inicio de la Semana Santa, presenta uno de los conciertos más hermosos de la historia musical: la Misa de Réquiem de Wolfgang Amadeus Mozart, junto a las talentosas voces venezolanas de Sara Catarine, Katiuska Rodríguez, Idwer Álvarez y William Alvarado, el Coro de la Camerata de Caracas y el Coro de Ópera Teresa Carreño, todos bajo la batuta de la Maestra Isabel Palacios.

 

El Romanticismo convirtió a Mozart en un mito a través de esta sobrecogedora obra: según la leyenda, el músico la compuso con la idea de que se trataba de su propio Réquiem, encargado por un mensajero de la muerte. Aunque la realidad parece ser menos poética, ello no resta un ápice a la potencia expresiva ni a la belleza de la partitura, con algunas secciones que se cuentan entre las cimas no sólo de la producción de Mozart, sino de la música universal: el “Introitus”, el “Kyrie”, el “Dies irae” o el “Lacrimosa”.

 

La Maestra Isabel Palacios, fundadora y directora artística de la Fundación Camerata de Caracas, institución musical que este año arriba a sus 35 años, será la encargada de dirigir esta Misa. Cabe destacar que Palacios ha dedicado su talento y conocimiento al desarrollo de sus grupos artísticos con alto nivel interpretativo, principio que ha llevado también a su carrera como cantante y docente.

 

Los encargados de interpretar esta importante obra de Mozart serán, la soprano Sara Catarine, la mezzosoprano Katiuska Rodríguez, el tenor Idwer Álvarez y el barítono William Alvarado; quienes han compartido escena en varias ocasiones con la Sinfónica de Venezuela, y en esta oportunidad deleitarán una vez más al público caraqueño con la majestuosidad de sus voces.

 

La invitación es para que acompañen a la Orquesta Sinfónica de Venezuela, en este concierto sacro, el cual se llevará a cabo en la Sala Ríos Reyna el sábado 23 de marzo a las 6:00 de la tarde. Las entradas tienen un costo que va desde Bs. 40 hasta Bs. 300 y pueden adquirirse en las taquillas del Teatro Teresa Carreño.

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Orquesta Sinfónica de Venezuela (OSV): Patrimonio Artístico y Cultural de la Nación, con el apoyo del Ministerio del Poder Popular para la Educación. Creada en 1930 como la primera orquesta sinfónica de nuestro país, por el Maestro Vicente Emilio Sojo, es también la primera orquesta fundada en América Latina. Conocida como La Sinfónica, se considera la cuna del movimiento sinfónico que posicionó a nuestro país como potencial musical de referencia mundial.

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SOBRE EL RÉQUIEM DE MOZART

 

En junio de 1791, Mozart ofreció en Viena uno de sus últimos conciertos públicos; tocó el Concierto para piano n.º 27 (KV 595). Días antes en su casa se presentó un desconocido, vestido de negro, que rehusó identificarse y encargó a Mozart la composición de un réquiem. Le dio un adelanto y quedaron en que regresaría en un mes. Pero el compositor fue llamado desde Praga para escribir la ópera La clemencia de Tito, para festejar la coronación de Leopoldo II. Cuando subía con su esposa al carruaje que los llevaría a esa ciudad, el desconocido se presentó otra vez, preguntando por su encargo. Esto sobrecogió al compositor. Más tarde se supo que aquel sombrío personaje (al parecer, llamado Franz Anton Leitgeb) era un enviado del conde Franz von Walsegg, músico aficionado cuya esposa había fallecido. El viudo deseaba que Mozart compusiese la misa de réquiem para los funerales de su mujer, pero quería hacer creer a los demás que la obra era suya y por eso permanecía en el anonimato. Según la leyenda, Mozart, obsesionado con la idea de la muerte, desde la de su padre, debilitado por la fatiga y la enfermedad, muy sensible a lo sobrenatural por su vinculación con la francmasonería e impresionado por el aspecto del enviado, terminó por creer que éste era un mensajero del Destino y que el réquiem que iba a componer sería para su propio funeral.

Mozart, al morir, consiguió terminar tan sólo tres secciones con el coro y órgano completo: Introitus, Kyrie y Dies Irae. Del resto de la Secuencia dejó las partes instrumentales, el coro, voces solistas y el cifrado del bajo y órgano incompletos, además de anotaciones para su discípulo Franz Xaver Süssmayr. También había indicaciones instrumentales y corales en el Domine Jesu y en el Agnus Dei. No había dejado nada escrito para el Sanctus ni el Communio. Aunque en un principio Constanze, su viuda, pidió al músico de la Corte Joseph Leopold Eybler que terminase el Réquiem, fue su discípulo Süssmayer quien lo acabó (siguiendo las directrices de Mozart), completando las partes faltantes de la instrumentación, agregando música en donde faltaba y componiendo íntegramente el Sanctus. Para el Communio, simplemente utilizó los temas del Introito y el Kyrie, a manera de reexposición, para darle cierta coherencia a la obra. Una de las principales influencias de esta obra puede hallarse en el Réquiem de Michael Haydn compuesto en el año 1771 para la muerte del arzobispo de Salzburgo S. C. Schrattenbach.

 

Aunque al parecer se interpretaron extractos del Réquiem en una misa en memoria de Mozart celebrada el 10 de diciembre de 1791, el estreno de la obra completa se produjo en Viena el 2 de enero de 1793 en un concierto en beneficio de la viuda del músico austríaco (Constanze Weber). Fue interpretado de nuevo el 14 de diciembre de 1793, durante la misa que conmemoraba la muerte de la esposa del conde Walsegg y bajo la dirección del propio conde.Venprensa- Prensa OSV.

 

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