ENTRE ARTE: El escultor Rafael Martínez en el aniversario de Venprensa

              ENTRE ARTE JANEISSY POYER (2)

    Las pinturas tienen su propia vida, la cual procede enteramente del alma del artista

                                                                                                                                 Vicente Van Gogh

Venezolana de Prensa –Venpresa, arriba a sus cuatro años de fundada, son muchos los caminos recorridos en esta aventura periodística y los frutos cosechados de este medio digital en su mes aniversario que será festejado de una manera muy especial homenajeando a los artistas plásticos del estado Carabobo y todas esas personalidades que han contribuido con la región carabobeña unos de ellos es el gran escultor Rafael Martínez….

RAFAEL MARTINEZ 3

La obra escultórica de Rafael Martínez (San Fernando de Apure, 1940) está representada por la fuerza de las aguas del Arauca; esa misma tierra que lo vio nacer y de la que años más tarde se marchó para darle forma geométrica, color y simplicidad a sus esculturas y que siempre ha estado reflejada en lo sideral y en la naturaleza.

Martínez es representante de la corriente constructivista, activa en Venezuela desde la década del 1970. El camino recorrido por este reconocido escultor tiene mucho de ejemplar. La evolución en sus planteamientos lo ha llevado a una permanente búsqueda de su propio lenguaje, a una exigencia personal.

Janeissy Poyer:Maestro, empecemos la entrevista. ¿Qué elemento es más importante dentro de su obra, la luz o el color?

Rafael Martínez:—Tanto la luz como el color son vitales, pero fundamentalmente, mi obra escultórica no es tanto color porque yo trabajo con los colores primarios, generalmente a base de blanco y el magenta. Lo más importante en mis obras no es el color sino la luz; la manera en que la luz actúa dentro de las estructuras que yo hago en hierro creando planos, espacios internos y tensiones entre los planos, y al mismo tiempo, transformando un elemento tan duro como es el hierro en algo muy liviano y ligero, que pareciera papel plástico. Me interesa mucho incidir en la fuerza del material para lograr una estructura cambiante.

J.P: ¿Por qué escogió el movimiento constructivista, y no el figurativo o la abstracción?

R.M: —Mi carrera es muy larga. Llevo más de 50 años en la pintura y por supuesto que pasé por todas esas etapas de la figuración y lo abstracto. Yo viví en París diez años, tres años en Italia y cuatro en los Estados Unidos, estudiando y trabajando mucho. Empiezo a trabajar arte cinético en París a través de los maestros Carlos Cruz-Diez y Jesús Soto; fui asistente de ellos y me interesó mucho el movimiento. Eso se llamó movimiento cinético.

El arte en movimiento, el arte de participación, el arte de transformación; todo este movimiento me sedujo de tal manera que no quería que mi obra no fuese, como dice Carlos Cruz-Diez, “algo rígido y estático”, sino que tuviese movimiento, que la persona pudiera participar, modificando y transformando. Por allí me orienté en arte cinético. Yo me fui más a la parte del metal de hierro porque tenía que hacer estructuras más sólidas, de menos movimientos. Quizás eso implicaría una tecnología muy compleja que yo no podía manejar en ese momento, la parte mecánica de movimiento de locutores; me limité a hacer estás estructuras estáticas, pero donde hay la intención del movimiento interno dentro de ellas; y la luz que es un elemento importante en mi obra.

J.P.: Usted como artista ¿qué ha querido transmitir?

R.M.: —Yo me orienté por la escultura porque permite que uno incorpore el espacio real a la obra; o sea, yo ubico una escultura en un parque, en una avenida, un edificio y una carretera; entonces la pintura se limita mucho más porque la pintura debe estar protegida, tiene que estar dentro de cuatro paredes y es una limitante. Eso no quiere decir que los pintores no puedan hacer murales, por supuesto que sí pueden, pero la escultura es más práctica porque abarca un espacio mucho mayor a la obra pictórica. Siempre me ha interesado que la gente conozca mi trabajo y la manera más directa de conocerlo es a través de los relieves murales y de las esculturas.

J.P.: ¿Entonces esos espacios son importantes para su obra?

R.M.: —Claro que son importantes porque el hombre anda en la calle, observando y moviéndose; ya que muy poca gente tiene el hábito de ir a los museos y a las galerías de arte, pienso que el arte debe entonces estar en la calle de manera que los ciudadanos puedan sentirlo y palparlo, y así los niños puedan integrarse al arte. Eso establece la relación más directa y hermosa que pueda tener ese contacto.

J.P.: ¿Usted considera que hay que llenar las calles de arte?

R.M.: —Eso ha sido el propósito y la intención de muchos artistas. Allí están Jesús Soto, Cruz-Diez y todos los artistas que tenemos obras en las calles. Como te decía, el arte tiene que ser público para llegarle a las masas, a todas las personas posibles. Por otra parte, que el arte forme parte de la vida y que no sea algo sagrado del artista. Para nosotros que nos dedicamos hacer arte es fundamental el público. ¿Te imaginas una obra de arte sin público? Sería como presentar una obra de teatro y que no vaya nadie. La gente forma parte de nuestra obra, la gente y la obra forman un solo elemento.

J.P.: Maestro, en su larga trayectoria artística muchas de sus obras andan por el mundo, pero hay una en especial que está cerca del gran Jesús Soto. ¿Qué significado tiene para usted cuando ve la Flor sideral a tan pocos metros de La esfera de Soto?

R.M.: —Yo fui amigo de Jesús Soto y además su asistente. La verdad es que la empresa Viarte coordinó a un grupo de diez artistas que instalaron sus obras en la Gran Caracas. Ellos me pasearon a ver diferentes sitios en la ciudad capitalina para que yo escogiera un lugar ideal para mi obra y justamente pasamos por la avenida Francisco Fajardo. Entonces yo me dije, “allí está el maestro Soto, a mí me gustaría estar cerca de él”.

El escultor Martínez nos contó que seleccionó un sitio que se encuentra a 760 metros de La esfera de Soto. Al respecto, indicó: “Es un honor y un privilegio estar cerca del maestro, a quien quise mucho y me dio tantas enseñanzas. Fue maravilloso y me sentí feliz que se me haya dado esa oportunidad y yo la acepté y realicé esa obra que se llama la Flor sideral”.

—Mi obra en general tiene mucho que ver con el espacio sideral. Siempre he sido un apasionado por todo ese mundo y varias de mis obras se titularon Autopistas galácticas, Espacio dinámico y Rombo espacio. Ese espacio abstracto que ha sido inspiración para poetas, pintores y escultores.

Así pues, es como nace esta obra Flor sideral, una flor del espacio, una flor metálica que tiene profundidades y luz al mismo tiempo y es tan blanca como el mismo cielo: “Traté de dar la impresión de una flor que atrapé en el espacio y la hice realidad en siete u ocho metros de altura totalmente en hierro”.

J.P.: ¿Y esas ideas tan brillantes de dónde le vienen?

R.M.: —Siempre he pensado que el artista tiene que crear, porque si Dios nos dio esa cualidad, ese don del arte, tenemos que ser creadores en todos los aspectos del arte: en la poesía, la literatura, la danza, la pintura y la escultura. Yo creo que nosotros tenemos que meternos en nuestro espíritu y en el cerebro aquella gran idea de Leonardo Da Vinci: “La pintura es cosa mental, la pintura es creación’’. La pintura también es dimensión. No es fácil la creación en la dimensión, pero sí tiene que haber una motivación muy fuerte para que el artista trate de ser creativo, de no repetir formulas viejas y cosas ya hechas sino de aportar. El arte, tal como la civilización, se hacen con los aportes que cada quien da de acuerdo a su medida y a su tiempo de vida.

J.P.: Los grandes artistas como Carlos Cruz-Diez, Jesús Soto, Alejandro Otero y otros maestros del arte en Venezuela, siempre han dicho que hay buscar un lenguaje, un estilo propio. ¿Usted lo encontró?

R.M.: —Pienso que el arte y la ciencia se parecen mucho y que un científico tiene similitud con un artista porque permanece por un largo tiempo buscando una idea que quizás le lleve toda su vida en descubrir, algo de la naturaleza que le inquieta y que él quiere resolver. Igual pasa con los artistas que tienen que ser investigadores y creadores, no conformarse con un éxito y creer que ya seas por eso un artista realizado. Yo creo que son etapas y el artista debe ir quemando esas etapas. El universo es muy grande y nosotros apenas conocemos una pequeñita cosa. Entonces un artista no debe sentirse feliz solo por haber logrado algo, como dice la canción “Caminante no hay camino se hace camino en el andar”. Lo importante es la trayectoria, el tiempo de vida y en la búsqueda he logrado cosas, pero debo ir siempre hacia adelante.

El crítico de arte Gabino Matos ha comentado sobre la obra de Martínez:“Las esculturas de Martínez son construcciones puristas a base de delgadas láminas de hierro coloreado que revelan una perfecta armonía entre forma, espacio, equilibrio y estructura, materialidad y virtualidad. Crea obras de ingenio extraordinario, de una indiscutible libertad imaginativa y de un esencialismo formal que las aproxima al minimalismo.

Son esculturas innovadoras que no obedecen a modelos pre-establecidos, sino que cada obra se hace a partir de sí misma, cuando la idea creativa del autor se va revelando ante las posibilidades constructivas y los efectos plásticos del material. Tal esencialismo curvilíneo define plástica y estéticamente cada obra.

J.P.: ¿Nos puede hablar ahora de sus proyectos?

R.M.—Estoy creando obras de formatos grandes. He tenido la gran suerte de que me están solicitando mis esculturas para diferentes espacios públicos. Es muy halagador saber que tu obra interesa y despierta inquietudes y que te inviten a participar en exposiciones importantes. En eso estoy en estos momentos.

J.P.: En los años 60 y 70 en Venezuela surgieron muchos movimientos plásticos como el famoso EL Techo de la Ballena, ¿por qué usted no participo en esas corrientes?

R.M. —Realmente esa fue una época interesante para Venezuela porque había una situación de aporte que propiciaba el florecimiento de esas corrientes.

 J.P. ¿Dónde se encontraba usted y por qué ese movimiento no lo atrapó?

R.M.: —Sucedió que me fui muy joven para Europa a estudiar en el año 1965 y allá realice la mayor parte de mi trabajo. Por eso no me integré a estos grupos en Venezuela. Allá tampoco me incorporé a ningún movimiento: siempre trabajé solo o con algunos pocos artistas con quienes sintonizaba en cuanto a tendencia. La mayor parte mi trabajo realmente lo realicé en el exterior. Regresé a Venezuela y desde entonces estoy trabajando aquí. En la ciudad de Valencia organizamos un grupo que se llama Forma y Color. Somos un conjunto de artistas que estamos unidos por el color y la geometría; realizamos exposiciones en Caracas, Puerto La Cruz, Maracaibo y próximamente en Barquisimeto. También iremos a la Universidad Rafael Urdaneta de Maracaibo. Somos alrededor de unos 25 artistas, todos geométricos y donde el color y la forma son elementos bien importantes.

J.P.: De esas vivencias en París, Italia y en New York, ¿qué recuerdos atesora?

R.M.: Los recuerdos son muchos. Yo me fui a los 24 años de edad, realmente fue maravillosa esa decisión que me permitió hacer estudios en universidades, en los museos, conocer artistas y tener la oportunidad de mostrar mi trabajo. Logré poner mi obra en un evento muy importante en Arte Cinético en Alemania, Italia, Francia, Inglaterra y Suiza. Fue algo grandioso poder mostrar mi obra al lado de artistas tan importantes.

J.P.: ¿Por qué no se quedó?

R.M.: Me regresé y luego me volví a ir. De repente en unas de esas venidas me fui quedando en Venezuela. Siempre sentí que mi obra debía desarrollarla en Venezuela; yo tengo muchas obras en el exterior, pero también tengo muchas obras aquí en mi país.

En este sentido, el artista Rafael Martínez quiso dejar un mensaje a esa nueva generación que se está formando: “Lo mismo que me decían a mí cuando yo era más joven los artistas más viejos, trabajen y estudien mucho. Yo insisto en que la formación de un artista no se trata solo de tomar una tela y un pincel y darle colores; hay que saber por qué estás haciendo eso. Por eso es importante estudiar, investigar y no conformarse con los pequeños éxitos. Hay que entender que tu obra está en formación. Se debe tener mucha dedicación y sacrificio. El arte en general requiere de sacrificio, y como casi todas las cosas del ser humano, requiere de perseverancia y de mucha reflexión sobre lo que se hace, lo que se ha hecho y lo que se quiere hacer.

Aunque el maestro Martínez viene de ese lugar tan exhuberante como lo es el Arauca, adoptó a la ciudad de Valencia como suya y aquí ha desarrollado gran parte de su trabajo artístico. Un creador infatigable y siempre inquieto por presentar innovadoras propuestas, así es uno de los grandes exponentes de la escultura en Venezuela, Rafael Martínez.

Su obra está representada y exhibida en:

  • Galería de Arte Nacional, Caracas
  • Metro de Caracas, Caracas
  • Fundación Celarg, Caracas
  • Museo Alejandro Otero, Caracas
  • Museo de Esculturas Andrés Pérez Mujica Valencia, estado Carabobo
  • Ateneo de Valencia, estado Carabobo
  • Avenida Universidad, Naguanagua, estado Carabobo
  • Museo Jesús Soto, Ciudad Bolívar, estado Bolívar
  • Museo de Arte Moderno de Mérida
  • Museo de Arte Moderno Barcelona, estado Anzoátegui
  • Museo Arte Moderno de Maracay, estado Aragua
  • Museo de la Gráfica, Maracaibo, estado Zulia
  • Autopista Francisco Fajardo
  • Museo de Arte Moderno de Filadelfia, Estados Unidos
  • Biblioteca Luis Arango, Bogotá Colombia.@Venprensa– Janeissy Poyer.

ENTRE ARTE JANEISSY POYER (3)

 

 

About jahatex